Una nueva entrega: Enmudeces

Al encontrarte lejos de tu gente siempre existe la nostalgia del hogar, de la familia, ese círculo en el que superas temores,  planificas estrategias para dar la cara al día a día, en el que te refugias de las tormentas que te presenta la sociedad entera. Sin embargo, al no tener esto cerca buscas, indirectamente, apropiarte del calor que te brindan tus nuevos contactos, ya sean profesionales o no.

Desgraciadamente, existe mucha gente que aparenta lo que no es, mala costumbre arraigada a la humanidad, y terminan siendo el origen de nuevas discordias o malos entendidos. Gracias a Dios estas son solo una minoría que por lo general son opacadas por la multitud que aprecia tu trabajo y tu personalidad.

Estando en ese campo laboral lejos de casa es que conocí a mucha gente nueva con sus diferentes formas de ser y de pensar. Inmediatamente me sentí atraído por las que disfrutaban de una plática multiplataforma, es decir, en la que no caíamos en la desgracia de la rutina. Recuerdo el apoyo, no incondicional, pero sí moral que me brindaron en la ciudad que brindé mis últimos servicios sociales.

Hoy, al estar tan lejos de esa gente que me oía, aunque no me entendiera, y  que cantaba conmigo aunque no fueran sus gustos, es que surge la necesidad de encontrar de nuevo a esos lectores, a los que escuchan y aprecian.

Humildes palabras para tan especiales personas.

Enmudeces

El sueño al que me aferré hoy da sus frutos,
celeques frutos de la verde sensatez previa.

Quería siempre contigo guiarme
y no viste esta humilde estrofa
en la que lloro por tu amor
azotado por envidiosas formas
que juré nunca amenazarían esos mis días tuyos,
llenos de locura, llenos de fe.
En realidad que no viste nada,
resultaste ciega…

Quería declamar a tus oídos eternamente,
para que no menguaran las juveniles ganas
de tu juvenil encanto,
sudores excitantes que combinan llanto,
la sódica saliva entre cada gesto,
entre las cosas nuevas que descubrimos juntos
al ver nuestros desnudos cuerpos.
En realidad que no oíste nada,
resultaste sorda…

Y hoy que mis versos surgen
de cada  recuerdo que glorifica esa mirada tenue…
no lees mis rimas,
ensordeces al compás de su maltrecho ritmo.

Me hundo en profunda tristeza,
pues al verme sólo, prefieres callar
y no gritas mi incipiente forma,
enmudeces conmigo
al mismo tiempo que enmudece el día…

(07/06/10)

Y no solo dedico esto a toda la gente que de una u otra manera supo regalarme ese tiempo, tan importante actualmente,  sino que me gustaría que recordaran esos momentos de algarabía y canciones, esa bendita guitarra que nos saca tantas sonrisas…

Gracias.

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2 pensamientos en “Una nueva entrega: Enmudeces

  1. dralvarado Autor de la entrada

    @ClauCanela Gracias por leer este poema, quizás gramaticalmente este vacío, sin embargo es muy demandante….Me encanta que te guste leerme…
    …” Cuando soy más débil: ASí”…

    Responder

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