Bocanadas de reflexión

Un cigarro humea mis anhelos de felicidad, electrizando pensamientos que vienen y van, estos se acomodan a su manera, surgen presurosos y con precocidad inmoldeable. Llenan espacios, ironía de tinta amarga que llora y ríe, pasando cual compás, de un estado a otro.

El fruto de estos pensamientos será mi regocijo, mi paz. Mi virtud fluye como sustancia hemática de una atroz y traumática herida causada por ti. Ya no me interesan el tiempo y el ritmo, la rima asonante o la que canta sigilosa, solo la expresión de mi estado anímico.

Poco a poco se extingue, crepitosa, dejando cenizas de buen y mal humor, la que alguna vez llama fue.

La hoja blanca de mi raciocinio se envuelve de sensatez y a la luz quedan mis razones, mis formas, las que de alguna manera indujiste por esa mirada.

En el cenicero de la meditación ha muerto un cigarrillo que no conoció mis labios y ha dado lugar a mi reflexión. A la puerta de mis recuerdos has decidido tocar y con alegría absurda decido dejarte entrar, mas no estás.

Enciendo otro humeante cigarrillo para que mientras viva te invite a conversar conmigo.

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