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Microcuentos Mayo 2013

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Los tres consejos

Hace pocos días recibí un correo electrónico con una historia muy simpática y sabia, inmediatamente me llamó la atención, aunque confieso que revisé el final del correo para ver si se trataba de una cadena, cosa tediosa e infantil. La historia nos muestra tres personajes principales, de hecho se trata de un cuento, quizás popular y no supe de su autoría.

Los tres consejos (cuento popular)

Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un pueblito del interior. Un día el marido hizo la siguiente propuesta a su esposa: – Querida voy a salir de la casa, viajar bien lejos, buscar un empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida más cómoda y digna. No sé cuanto tiempo voy a estar lejos, solo te pido una cosa, que me esperes y mientras esté lejos seas fiel a mí, pues yo te seré fiel.

Así, siendo joven aún, caminó muchos días a pie hasta encontrar un hacendado que estaba necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda. El joven se ofreció para trabajar y fue aceptado. Pidió hacer un trato con su jefe, el cual aceptó también. El pacto fue el siguiente: – Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando encuentre que debo irme, el señor me liberará de mis obligaciones, no quiero recibir mi salario, le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorros hasta el día en que me vaya. El día que yo salga, usted me dará el dinero que yo haya ganado.

Ambos estuvieron de acuerdo. Aquel joven trabajó durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso.

Después de veinte años se acercó a su patrón y le dijo: – Patrón, quiero mi dinero, pues deseo regresar a casa.

El patrón le respondió: – Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, solo que antes quiero hacerte una propuesta, ¿Está bien? Yo te doy tu dinero y te vas, o te doy tres consejos, no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta.

El joven pensó la propuesta durante dos días, buscó al patrón y le dijo: – ¡Quiero los tres consejos!

El patrón le recordó: – Si te doy los consejos, no te doy el dinero.

El empleado respondió: ¡Quiero los consejos!

El patrón entonces le aconsejó:

1. Nunca tomes atajos en tu vida, caminos cortos y desconocidos te pueden costar la vida.

2. Nunca seas curioso de aquello que represente el mal, pues la curiosidad por el mal puede ser fatal.

3. Nunca Tomes decisiones en momentos de odio y dolor, puedes arrepentirte demasiado tarde.

Después de darle los consejos el patrón le dijo al joven (aunque ya no lo era tanto): – Aquí tienes tres panes, dos para comer durante el viaje y el tercero es para comer con tu esposa, cuando llegues a tu casa. El hombre, entonces, tomó su camino de vuelta. Había pasado veinte años lejos de su casa y de su esposa que tanto amaba.

Después del primer día de viaje, encontró a una persona que lo saludó y le preguntó: – ¿Para dónde vas?

El joven respondió: – Voy para mi casa que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera.

La persona le dijo entonces: – Joven, este camino es muy largo, conozco un atajo por el cual llegarás en pocos días.

El joven, contento, comenzó a caminar por el atajo cuando recordó el primer consejo, entonces volvió a seguir por el camino normal. Días después supo que el atajo llevaba a una emboscada.

Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera donde podría hospedarse, pagó la tarifa por un día y, después de tomar un baño, se acostó a dormir. De madrugada se levantó asustado por un grito aterrador, se levantó de un salto y se dirigió hasta la puerta para ir a donde escuchó el grito. Cuando estaba abriendo la puerta, recordó el segundo consejo, regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le preguntó si había escuchado el grito y él le contestó que sí, lo había escuchado. El dueño de la posada le preguntó: – ¿Y no le dio curiosidad?

El joven contestó que no. A lo que el dueño le respondió: – Usted es el primer huésped que sale vivo de aquí, pues mi único hijo tiene crisis de locura, grita durante la noche y cuando el huésped sale, lo mata y lo entierra en el quintal.

El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa. Después de muchos días y noches de caminata, era ya el atardecer y vio, entre los árboles, humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa. Caminó y vio entre arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo, pero alcanzó a ver que ella no estaba sola. Anduvo un poco más y vio que ella tenía sobre su regazo a un hombre, al que estaba acariciándole los cabellos. Cuando vio aquella escena, su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiró profundo, apresuró sus pasos, y de repente recordó el tercer consejo, entonces se detuvo, reflexionó y decidió dormir allí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión.

Al amanecer, ya con la cabeza fría, se dijo: – No voy a matar a mi esposa, voy a volver con mi patrón a pedirle que me acepte de vuelta, sólo que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel.

Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abrió la puerta y lo reconoció se colgó de su cuello y lo abrazó afectuosamente. Él trató de quitársela de encima, pero no lo consiguió. Entonces, con lágrimas en los ojos le dijo: – Yo te fui fiel y tú me traicionaste.

Ella, espantada, le respondió, – ¿Cómo? Yo nunca te traicioné, te he esperado durante veinte años.

Él entonces le preguntó, – ¿Y quién era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?

Ella le contestó: – Aquel hombre es nuestro hijo. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. Ya tiene veinte años de edad.

Entonces, el marido entró, conoció, abrazó a su hijo y les contó toda su historia mientras su esposa preparaba la cena.

Se sentaron a comer el último pan juntos, hizo una oración de agradecimiento y con lágrimas de emoción partió el pan, al abrirlo se encontró todo su dinero, el pago de sus veinte años de dedicación.

Fin